Partos buenos, ¡existen! (II)

Hoy hablando con una amiga, recordé mi segundo parto. Estábamos comentando que al haber tenido un primer parto tan rápido (si pinchas en el enlace podrás leer la entrada de mi primer parto), ella tenía miedo a cuando volviese a quedarse embarazada, y llegado el momento de si llegaría al hospital a parir.

¡Y cómo la he entendido! Y es que ese temor me ha acompañado durante todo mi segundo embarazo. Además en esas semanas, no paraba de escuchar noticias de nacimientos en la carretera, en ambulancias, porque no habían llegado a tiempo al hospital. Nosotros por suerte, el hospital lo tenemos a 5 minutos en coche, pero teníamos un añadido esta vez: teníamos que dejar a mi solete grande en casa de la abuela, o esperar a que alguien viniese a quedarse con él.

Y una vez más, la vida me demostró que no se puede planificar nada, porque luego ella decide como será todo. Habíamos pensado en que mi madre las últimas semanas se quedase a dormir en casa para si en caso de tener que irnos de noche, quedarse ella con el mayor… pero el destino tuvo el capricho de que unas semanas antes de salir de cuentas, se cayese mi abuela con rotura de cadera y 2 intervenciones, por lo que mi madre se tuvo que quedar con ella en el hospital. Así que mi nerviosismo aumentaba… llegando a pensar, en irnos con el mayor a urgencias si se diese el caso y ya nos arreglaríamos. No tenia miedo a estar sola en el parto.

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Y llegó aquella noche de un lunes, justo hacía la semana 41, exactamente igual que el primer parto. Acostamos a mi pequeño y nos tumbamos en la cama a ver el último episodio de The Walking Dead. Recuerdo que le dije a mi marido, hoy no creo que venga porque una amiga me dijo que cuando dejase de notar al bebé llegaría el momento, y ese pequeñin no dejaba de darme patadas. Pero con la emoción de la serie, me olvidé por completo, hasta que de pronto, caí en la cuenta… se habría dormido? o es que era el momento? llevaba ya bastante sin notarlo cuando de golpe, sentí como echaba todo su cuerpo hacia arriba y daba una embestida en la parte baja, seguida de un “ploc” y noté como de pronto me empapaba. ¡Había roto aguas! Miré a mi marido en silencio pensando que él habría podido oir ese ploc… pero no, todo sucedía en mi interior… así que le dije mientras salía disparada al baño, que ya viene! corre! corre!  Esa noche mi madre estaba en su casa, así que el destino nos lo quiso poner fácil. Mientras me vestía la avisaba de que íbamos para allá. Eran las 22.30H

En el camino le iba explicando a mi pequeño que su hermanito ya iba a nacer y tenía que quedarse con la abuela. Mi pequeñin… que iba a dejar de serlo, que ya no iba a ser hijo único nunca más, ya no iba a ser el centro de atención de la casa, iba a dar un paso agigantado de nuestro gordito, al que seguíamos viendo como nuestro bebé, al hermano mayor, que por más que le habíamos explicado lo que pasaría llegado el momento, no dejaba de pensar en que no experimentase esa sensación de abandono, por ir a estar con el nuevo bebé. Mi sentimientos se duplicaron, al dejarlo con mi madre, llorando, porque él quería ir con mamá… a quien no vería en un par de días. Alegría por la llegada del nuevo hijo y tristeza por separarme de hasta el momento mi único hijo, la razón de mi ser.

Nada más volver a montar en el coche, llegó la primera contracción y supe que ya teníamos que ir aún más rápido… llegamos al hospital y me pasaron directa a explorarme. Estaba de 4 cms y yo le insistía al médico de urgencias de que estaba de parto y que el primer parto había sido muy rápido, quería que me pasaran a la sala de dilatación y parto cuanto antes.

Una vez allí, las matronas me explicaron donde tenía el baño, y que me podía mover con libertad, etc… pero yo sabía que no iba a estar allí mucho tiempo y le dije, “es que seguro que irá rápido” – “bueno aún has de dilatar del todo y quizá te lleve tiempo”. Y según salió por la puerta, vino la siguiente contracción con tantas ganas de empujar que las llamé. Les volví a insistir que mi primer parto fue muy rápido, no entendía que se lo tomaran con calma, pensarían que era un histérica…y yo desesperaba por no conseguir que me creyeran. Me volvieron a explorar y ya había dilatado a 7 cms y en cada contracción notaron cómo iba haciendo el trabajo de parto sin demora.

Había decidido ponerme la epidural en este segundo parto, porque quería sentir esa sensación de empujar sin dolor ninguno, pero me convencieron de que no. Entre que llamasen al anestesista e hiciese su efecto… mi hijo ya habría nacido, así que repetimos parto natural. Y esta vez, natural natural, sin ningún tipo de intervención por parte de las matronas.

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Este parto, me gustó muchísimo, las matronas estaban ahí solo para acompañarme, expectantes y observadoras de cómo mi cuerpo por sí solo iba marcando los ritmos. Esta vez sabía perfectamente como hacer los pujos y en cada contracción aprovechaba al máximo esa fuerza que ayudaba a mi bebé a llegar a mis brazos.

  • Lo estás haciendo genial, me decían las matronas, – es que no parece que te esté doliendo nada… y yo las miraba con una expresión,  ” a ver qué remedio me queda “

Hubo un momento de parón, yo estaba preparada para empujar cuando… no hubo contracción. La matrona me dijo, descansa, el bebé necesitará retomar fuerzas, fue una sensación como cuando tienes hipo durante un rato y de pronto desaparece y tú sigues esperándolo y no llega y no llega… así fue. Un pequeño respiro que nos tomamos, porque ya estábamos acabando.

  • ¿Ya sale su cabeza? Les pregunté, porque empecé a notar ese quemazón y tras dos pujos más fuertes, ya tenía a mi bebé conmigo en brazos. No hubo episotomía, todo fue natural… No sabría decir qué es mejor, porque tanto con como sin la episotomía, tuve desgarro y unos cuantos puntos…

Eran las 00.11h y mi pequeño nació. Según me dieron a mi bebé, nos miramos mi marido y yo y dijimos a la vez… “Es igual que su hermano”, reviviendo de nuevo su nacimiento.

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Las matronas, me felicitaron por el trabajo realizado, me decían que nunca habían asistido un parto tan rápido y fácil y estaban tan contentas. Yo lo estaba muchísimo más, porque tenía el mejor regalo en mis manos, que no se consolaba, pero que enseguida supo donde encontrar consuelo y enganchó al pecho. Ahí mi felicidad explotó, de por fin conseguir, esa lactancia exitosa que nos cuentan y que tanto me costó con el mayor como os conté en mi primera entrada.

Aún al recordarlo, me emociono y me vienen flashes de momentos determinados, que me ponen la piel de gallina, de la experiencia tan maravillosa que podemos disfrutar las madres,

 

 

 

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4 thoughts on “Partos buenos, ¡existen! (II)

  1. Isabel, me he emocionado leyéndote. Se me queda la espinita clavada de vivir una experiencia como la tuya, de disfrutar del parto al 100%.por un lado de me tranquilo ganas de repetir pero se que en mi caso, seguramente sería igual que el anterior y habría que inducirlo… Cuanto me alegro de que puedas haber vivido estos partos tan maravillosos

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  2. Por supuesto que existen los partos buenos y debemos compartirlos. También tuve la suerte de vivir un parto totalmente natural, sin apenas intervención de las matronas, con ritmos respetados, y lo difruté enormemente (a pesar del dolor, que por supuesto está ahí). Me alegra que también lo hayas vivido. Un abrazo.

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